Arbeit macht frei

Por Víctor Hortel.

En época de pandemia y teletrabajo, en que los Pergolini´boys pretenden la desregulación constante del mercado de trabajo, buscan convencernos que para sacar el país adelante es necesaria la transformación del trabajo.

La pandemia del Zoom y la invasión que la virtualidad ha producido en nuestras existencias, nos pone nuevamente frente a los Pergolini´boys, con sus propuestas de incremento del trabajo des-socializado, de baja calificación, inseguro y mal pago; argumentando que el desarrollo tecnológico es la causa de tales propuestas.

Wacquant[i], sostiene que esto no es cierto. El origen de tales propuestas se encuentra en que empleadores y capitalistas han incrementado su primacía sobre los trabajadores y han restaurado las condiciones para obtener mayores ganancias[ii].

El capitalismo industrial culminó su mutación en capitalismo financiero, y en ese proceso, desarrollo diversas estrategias dirigidas a desmantelar la protección y los derechos sociales que los y las trabajadores habían logrado a través de sus luchas colectivas.

Así, el capitalismo, moldeo lo que Wacquant denomina: “Estado Darwinista”, -idolatrado por liberales y libertarios-, que glorifica la competencia individual y le propone a la población, como principio de vida, la meritocracia y la supervivencia de los/as más aptos/as.

Charles Darwin[iii], aseguraba que la Naturaleza es siempre implacable: que el fuerte siempre expulsa al débil, que «la compasión y el compromiso son como mariquitas que la Naturaleza lanza contra un muro»; pero en realidad,  Darwin adoptó la idea de que solo sobrevive el más apto del ahora olvidado y desacreditado filósofo Herbert Spencer[iv].

No debemos olvidar, que la “Teoría de Darwin”, brindó herramientas argumentativas para fundar, teórica y dogmáticamente el “Colonialismo[v]”,  y que las ideas de Spencer, influyeron decididamente, en nuestra “Generación del 80[vi], Julio A. Roca[vii] y la “Conquista del Desierto[viii] [que constituyo el genocidio de los pueblos originarios, mapuches, ranqueles y tehuelches.], Juárez Celman[ix], Domingo F. Sarmiento[x] y su “Facundo o Civilización y Barbarie en las pampas argentinas[xi] y  “Juvenilla”, de Miguel Cané[xii].

Las propuestas de Darwin, derivaron en eso que se llamó “darwinismo social[xiii], que fueron planteadas teórica e inicialmente por Spencer y luego fueron utilizadas para fines políticos, con gran aceptación en los países imperialistas de finales del Siglo XIX y en la primera mitad del Siglo XX.

Adolf Hitler[xiv], fue impactado por la influencia y las implicaciones teóricas y metodológicas de la teoría del “darwinismo social”, por ello, se vincula la teoría evolutiva y la ideología darwinista social, con la posterior generación de  racismo  (basado en una supuesta superioridad e inferioridad entre seres humanos), la posterior creación del nacionalismo, la propagación de la política neo-imperialista  y su incorporación en los pilares ideológicos del  fascismo y el nazismo que derivó en consecuencias fatales cuando se le dio aplicación política a la idea de la «supremacía del más fuerte».

La idea de “trabajo” y la  referencia a Hitler, nos obliga a recordar que el  complejo “Auschwitz[xv]​ [-cuya denominación oficial es «Konzentrationslager Auschwitz»-, conformado por diversos campos de concentración y exterminio en los territorios polacos ocupados durante la Segunda Guerra Mundial], comprendía Auschwitz I —campo original—, Auschwitz II-Birkenau —campo de concentración y exterminio—, Auschwitz III-Monowitz, campo de trabajo para la IG Farben[xvi]— y 45 campos satélites más.

Precisamente en la entrada a Auschwitz I colgaba un cartel con el lema “Arbeit macht frei” [xvii](«El trabajo libera»), con que las fuerzas de las Schutzstaffel[xviii], recibían a los deportados y enemigos del III Reich.

Volviendo a la cuestión del capitalismo y el trabajo, y luego de la referencia del lema de Auschwitz, no se puede soslayar el vínculo entre capitalismo y cárcel.

Luego, el “darwinismo social”, positivista, biologicista racial, promotor de la eugenesia o higiene social y la esterilización forzada, sirvió de fundamento para los atroces genocidios cometidos en la historia de la humanidad.

Me interesa resaltar la cuestión cronológica, presten atención a fechas y épocas.

Si bien, para muchos el capitalismo industrial, aparece hacia el año 1713, en que se firma el Tratado de Ultrech[xix], la importancia de la producción no se hizo patente sino hasta la Revolución Industrial[xx], que se inició a fines del Siglo XVIII, -durante el año 1788-,y se extendió hasta bien avanzada la segunda mitad el Siglo XIX.

Durante el año 1788, en que explota la Revolución industrial, también se crea el Penal de Port Jackson[xxi], en la Nueva Gales del Sur, donde fueron enviados en total unos 164.000 convictos.

Las causas del traslado, fueron la miseria, la desigualdad social, el trabajo infantil y las duras y antihigiénicas condiciones de vida y de trabajo en la sociedad británica del siglo XIX.

Durante la Revolución Industrial, y debido a las desigualdades sociales provocadas por la misma, así como el desplazamiento de la población rural a las ciudades, se incrementó el número de pequeños crímenes, por lo que los gobiernos europeos se vieron presionados para que encontraran una alternativa al confinamiento en prisiones cada vez más atestadas. La situación en Gran Bretaña era tan crítica que varios barcos en desuso, de la época de las guerras napoleónicas, eran utilizados como prisiones flotantes.

En coincidencia con el concepto de cárcel, la Revolución Industrial y el capitalismo, impactan, desde la economía, el concepto de pena privativa de libertad, al darle importancia al trabajo como elemento resocializador o de reinserción.

Así “Las Casas de Corrección”[xxii] que adoptaron la fisonomía de las “manufactureras europeas”, promovía la participación “voluntaria” de los presos en el mercado de trabajo, obligándolos a prestar su fuerza de trabajo a la sociedad; por lo que debían adquirir “hábitos laborales” y “adiestramiento profesional”[xxiii].

Cuando los individuos adquirieron valor económico en las relaciones comerciales, las formas de control tendieron a relajarse. Ya no se trataba de castigar, sino de producir un individuo útil; asociar al individuo a las relaciones de producción.

Si el capital necesita la vida de las personas para valorizarse, no hay que ensañarse con los cuerpos a través del suplicio, sino que hay que incluirlos en espacios disciplinarios para que asuman como propia otra moralidad (la cultura del trabajo). Así, la cárcel se postula como un dispositivo de adiestramiento y dulcificación corporal, tendiente a la minimización de la energía política y la maximización de la energía económica que prometen esos individuos como fuerza de trabajo

En este punto es dable recordar al filósofo utilitarista británico Jeremy Bentham[xxiv], que contemporáneo al Capitalismo y la Revolución Industrial, fuera el inventor de aquella temible arquitectura carcelaria denominada; “Panóptico[xxv]”.

“Le Panoptique”, -que fuera duramente cuestionado por Foucault[xxvi] en su obra “Vigilar y Castigar[xxvii]”-, tenía como objetivo permitir a su guardián, guarecido en una torre central, observar a todos los prisioneros, recluidos en celdas individuales alrededor de la torre, sin que estos puedan saber si eras observados.

Según Foucault, el efecto más importante del panóptico es inducir en el detenido un estado consciente y permanente de visibilidad que garantizaría el funcionamiento automático del poder, sin que ese poder se esté ejerciendo de manera efectiva en cada momento, puesto que el prisionero no puede saber cuándo se le vigila y cuándo no.

No por casualidad, el modelo penitenciario del Panóptico, se terminó utilizando también en fábricas y escuelas.

Luego, por obra de Iluministas, Reformadores y Positivistas, esas “Casas de Corrección”, mutaron a “Prisión”, mutando los objetivos de “Encierro y Disciplina”, por aquellos de “Control y Dominación”.

Volvamos ahora a Wacquant, quien explica que ese “Estado Darwinista”, tendrá la resistencia de sindicatos, gremios y organizaciones sociales.

Se da entonces un enfrentamiento. Por un lado, el “Estado Darwinista”, buscando la desregulación del mercado de trabajo, bajando la protección social, reprimiendo la protesta y desorden social que genera; y por el otro., “El Pueblo”.

Para lidiar con esa tensión, contener la “protesta social”, el “Estado Darwinista” necesita incrementar el “aparato penal”; por un lado, para vencer los desórdenes generados por la inseguridad social y, por otro, para disciplinar a las fracciones de la clase trabajadora que resisten las nuevas condiciones de trabajo.

Recuérdese por caso, las feroces represiones del “Estado Darwinista”, ordenadas por su versión más patética, con motivo de la discusión de las reformas laboral y previsional en el Congreso de la Nación, durante el gobierno anterior.[xxviii]

En este punto, resulta imposible no referirnos a la temible persecución política-judicial desplegada por el macrismo contra el compañero Hugo Moyano, mítico líder de “Camioneros”, que, sin duda alguna, ya se ha ganado un lugar destacado en la historia del sindicalismo argentino.

Las noticias del último tiempo, dan cuenta, del despliegue de recursos destinados a coronar la referida persecución con la detención del dirigente sindical. La Agencia Federal de Inteligencia y sus servicios, jueces, fiscales, periodistas extorsionadores y otros personajes de baja calaña.

Nunca tuve dudas que la persecución dirigida contra Moyano, tenía ese fin “disciplinar a las fracciones de la clase trabajadora que resisten las nuevas condiciones de trabajo”.

Recordemos. Los cambios laborales ocurridos en Brasil, bajo el gobierno de Michel Temer, alentaron al macrismo a trabajar en el diseño de la reforma laboral, una apuesta que proponía avanzar sobre tres ejes ambiciosos: la flexibilización de los convenios colectivos de actividad, el impulso a los contratos individuales o por empresa con la inclusión de nuevas categorías de trabajo y la reducción de costos laborales por efecto de eliminación de aportes a los sindicatos y la rebaja de algunas cargas sociales o alícuotas de ART.

Las huestes neoliberales darwinianas aceleraron el debate en línea con los reclamos del sector empresario, advirtiendo que la “realidad” imponía «readecuar» las regulaciones laborales locales para evitar problemas de competitividad.

En ese entonces, se buscaba la regulación de nuevas categorías laborales, como la figura del trabajador autónomo o monotributista dependiente y exclusivo, que puede prestar servicios para un único empleador sin un vínculo laboral permanente o la figura del «teletrabajo» con la imposibilidad del cobro de horas extras.

En su afán de reducir costos laborales, en macrismo proyectaba la eliminación de algunos aportes «específicos» a sindicatos y cámaras empresarias que se fijan en los acuerdos paritarios, rebajar las alícuotas que cobran las aseguradoras del sistema de riesgos del trabajo y disponer un recorte de las cargas sociales sobre los salarios de base de diferentes actividades. También se planteaba revisar el sistema de salud (fundamentalmente obras sociales sindicales) para «mejorar la calidad» e incrementar el apoyo fiscal para alentar la contratación de nuevos trabajadores.

En conclusión, el macrismo como patética versión local del “Estado Darwinista”, planteo la persecución política-judicial de un líder sindical, para disciplinar a las fracciones de la clase trabajadora que resistían las nuevas condiciones de trabajo, replicando, contra el clan Moyano, la misma lógica del Lawfare, desarrollada contra otrxs líderes y lideresa, referentes y cuadros políticos de la oposición.

Ello nos coloca nuevamente frente al “sistema penal” y el Derecho Penal del Enemigo.

Y como ya lo hemos referido en otras oportunidades, hablar de “Enemigo”, nos remite inmediatamente a Carl Schmitt[xxix], aquél teórico alemán, cuyo compromiso con el nacionalsocialismo y el nazismo nadie ignora.

Y el nazismo nos recuerda a Auschwitz. Bien, ahora intentaré abordar el último aspecto y vincularlo con los anteriores.

La última fase del capitalismo, la actual, esa que caracterizamos como “Capitalismo Financiero”, es el que persigue el beneficio mediante la especulación, moviendo el capital atendiendo a las tasas de interés, tipos de cambios, variaciones de precios, adquisición y venta de numerosos productos financieros y derivados financieros.

La diferencia con la fase anterior, consiste, en que mientras que en la economía de mercado las ganancias del empresario son la consecuencia de haber producido con eficiencia, en el capitalismo financiero se busca la optimización de ganancias mediante la especulación.

Aldo Ferrer[xxx], explica: “Las posibilidades de generar ganancias arbitrando diferencias entre tasas de interés, tipos de cambio y variaciones de precios en los mercados inmobiliarios y bursátiles, atraen la mayor parte de las aplicaciones financieras. La especulación es un escenario para ganar (y perder) dinero, a menudo, mucho más importante que el de la inversión y la aplicación de tecnología para la producción de bienes y servicios”.

En la fase anterior, el principal instrumento para regular la pobreza, fue la combinación de programas de trabajo, educación, salud, trabajo social y ayuda pública.

El “Capitalismo Financiero”, por el contrario, vino a expulsar “trabajadorxs” del mercado de trabajo y a excretar pobres hacía la exclusión y/o un sistema de prisiones para contenerlos.

Con la “exclusión”, como producto trágico del “Capitalismo Financiero”, esas viejas “Casas de Corrección”, luego transformadas en “Prisiones”, pasaran a mutar como “dispositivos en los que se retira de circulación a los individuos que no pueden circular” (Lewkowicz; 2004:137).

Así “la cárcel”, se transforma en “la garante del devenir disfuncional de aquellos que se encuentran boyando en los márgenes de la sociedad”[xxxi].  El “pantano punitivo”, donde se abandona y castiga a los grupos de personas productores de riesgo, causantes de inseguridad social. “La cárcel pantano”, es una suerte de aguantadero, donde se inmoviliza, amontona y hacina poblaciones enteras. (Lila Caimari)

Así, el Capitalismo Financiero, transformará al “aparato penal”, en un mecanismo de control de “grupos de riesgo”, o “grupos peligrosos”.

Luego, el “aparato penal” del “Estado Darwinista”, hará sentir todo su poder punitivo a esos “grupos de riesgo o peligro”, que ya habrán mutado –por obra y gracia de la “criminología mediática” en “Enemigos” debidamente estigmatizados por los medios de comunicación.

Nuevamente el término “Enemigos” nos ubica frente a Carl Schmitt, al “aparato penal” y el Derecho Penal del Enemigo, con todo lo que ello implica.

Para el “Estado Darwinista”, ocupado en contener la protesta social, lxs “Enemigos”, serán los “Negrxs” [pobres, excluidxs, marginales, que son percibidos en términos de su disfuncionalidad], que terminaran siendo receptores de los lemas de “mano dura” y “tolerancia cero”, como marketing del ejercicio del poder punitivo como herramienta de control social.

El “Estado Darwinista”, en modelo macrista, sumo como “Enemigxs”, a líderes/resas, dirigentes, referentes, políticxs, sindicales, sociales, a quienes persiguió y encarceló, de modo agraviante al “Estado de Derecho”

“Capitalismo Financiero”, “Exclusión”, “Encarcelamiento masivo de lxs disfuncionales”, “Enemigxs”, “Persecuciones político-judiciales”, “Lawfare” contra dirigentes políticxs, sindicales y sociales, “Aparato Penal”, “Darwinismo Social”,  es increíble todo lo que estos muchachxs han logrado juntxs. No lo olvidemos al momento de discutir la modificación del mercado de trabajo.

Arbeit macht frei” es una frase intencionalmente ambigua: sugiere no solo que el trabajo libera a las víctimas detenidas por el nazismo, sino el exterminio de los nazis al consumar el asesinato premeditado de enormes masas humanas de condición y origen diverso.

Como peronistas debemos llevar como lema trabajar incansablemente por rescatar a quienes fueron excluidxs por el “Estado Darwinista” del macrismo y devolverles la dignidad que da el trabajo. No podemos permitirnos un segundo de descanso es esa tarea.


[i] https://es.wikipedia.org/wiki/Lo%C3%AFc_Wacquant

[ii] Loïc Wacquant. “Las cárceles de la Miseria”. Ed. Manantial; Bs. As. 2000.

[iii] https://es.wikipedia.org/wiki/Charles_Darwin

[iv] https://es.wikipedia.org/wiki/Herbert_Spencer

[v] https://es.wikipedia.org/wiki/Colonialismo

[vi] https://es.wikipedia.org/wiki/Generaci%C3%B3n_del_80

[vii] https://es.wikipedia.org/wiki/Julio_Argentino_Roca

[viii] https://es.wikipedia.org/wiki/Conquista_del_Desierto

[ix] https://es.wikipedia.org/wiki/Miguel_%C3%81ngel_Ju%C3%A1rez_Celman

[x] https://es.wikipedia.org/wiki/Domingo_Faustino_Sarmiento

[xi] https://es.wikipedia.org/wiki/Facundo_o_civilizaci%C3%B3n_y_barbarie_en_las_pampas_argentinas

[xii] https://es.wikipedia.org/wiki/Miguel_Can%C3%A9

[xiii] https://es.wikipedia.org/wiki/Darwinismo_social

[xiv] https://es.wikipedia.org/wiki/Adolf_Hitler

[xv] https://es.wikipedia.org/wiki/Auschwitz

[xvi] https://es.wikipedia.org/wiki/IG_Farben

[xvii] Arbeit macht frei es una frase alemana cuya traducción al español es ‘El trabajo libera’. https://es.wikipedia.org/wiki/Arbeit_macht_frei

[xviii] https://es.wikipedia.org/wiki/Schutzstaffel

[xix] https://es.wikipedia.org/wiki/Tratado_de_Utrecht

[xx] https://es.wikipedia.org/wiki/Revoluci%C3%B3n_Industrial

[xxi] https://es.wikipedia.org/wiki/Convictos_en_Australia

[xxii] Pavarrini, Massimo y Melossi, Claudio «Cárcel y Fábrica» Los orígenes del sistema penitenciario» Ed. SigloXXI

[xxiii] Meritello, Miquelarena «Las cárceles y sus orígenes»

[xxiv] https://es.wikipedia.org/wiki/Jeremy_Bentham

[xxv] https://es.wikipedia.org/wiki/Pan%C3%B3ptico

[xxvi] https://es.wikipedia.org/wiki/Michel_Foucault

[xxvii] https://es.wikipedia.org/wiki/Vigilar_y_castigar

[xxviii] https://www.infonews.com/reforma-laboral/represion-el-congreso-el-dia-antes-la-votacion-la-reforma-previsional-n269286

[xxix] https://es.wikipedia.org/wiki/Carl_Schmitt

[xxx] https://es.wikipedia.org/wiki/Aldo_Ferrer

[xxxi] Esteban Rodríguez Alzueta en “Temor y Control -la gestión de la inseguridad como forma de gobierno-” Editorial Futuro Anterior, año 2014, pág. 273