Aprender a leer, escuchar y mirar

Por Claudio Posse.

Siempre hablamos de la influencia de las empresas de medios de comunicación, hegemónicas, en la construcción del sentido común en la Argentina (lean el gran artículo que hizo para este número Víctor Hortel: Habeas Corpus). Y todos y todas vamos y venimos. A veces pensamos que son el enemigo a vencer y, a veces, pensamos que no son tan importantes (solemos sacar a Perón para justificar el pensamiento cuando dijo que había ganado todas las elecciones con los medios enfrente).

Pero a lo que quería referirme en este artículo es a la capacidad que tienen estos medios de meterse en la agenda cotidiana de los y las argentinos. Y ahí la pregunta es: de quien es la culpa ¿del chancho o del que le dá de comer? (se me cae una sota con este antiguo dicho).

Veamos, el gobierno dio un golpe de efecto anunciando la intervención de Vicentín y el proyecto de Ley para su expropiación. ¿Qué nos decía esto comunicacionalmente? El gobierno de Alberto Fernández tomó la iniciativa, en el medio de la cuarentena y pandemia se encaminó a resolver el terrible problema de una empresa estratégica para nuestro país (problema de la herencia del gobierno de Mauricio Macri). Para aquellos que creemos que el rol del Estado es fundamental para el desarrollo del país, para generar riqueza y distribuirla equitativamente, fue un gol de esos que se gritan abrazando al primero que tenés cerca, lo conozcas o no. Nos mandábamos capturas de pantalla con el Graf de la tele que decía: El gobierno interviene Vicentín. Los más peronchos posteaban en las redes un paquete de fideos con la foto del general. Los que dudaban de Alberto se emocionaron y empezaron a quererlo y los que apoyaron al presidente desde el primer día sacaron pecho y decía: ¿y?  háblame de tibieza ahora…

Duro 24hs… los medios hegemónicos tradicionales, con los trols de siempre acompañados de una caceroleada de barrio norte usaron todos sus dispositivos para “agendar” en la vida cotidiana de todas y todos nosotros una visión falsa, y completamente ridícula, de la medida tomada por Alberto Fernández.

Revisemos algunos comentarios de los comunicadores del establishment. Dijo Baby Echecopar: “No queremos que nos cambien la bandera argentina por el sucio trapo rojo”. Feimann agregó: “La gente salió a defender la república (por los cacelorazos)”. Con estos dos casos, como muestra, es suficiente. Los trols (ese ejército de insultadores seriales) pusieron en las redes: “Hoy deberíamos ser todos #Vicentin, deberíamos llenar las calles y mostrarles a estos hijos de putas que no vamos a ser nunca #Venezuela”, escribió uno (o una porque no se identifica quien es). Otro: “Hoy a las 20hs las Cacerolas tienen que sonar más fuerte que cuando querían soltar a los presos. No podemos permanecer indiferentes a los planes de La Cámpora para quedarse con todo. #VicentinNoSeExpropia” (este es un trol conocido, él dice que es economista, se llama Boggiano). Por último, los caceroleros… bueno ahí imagínense la frase, tiro palabras claves: comunismo, Venezuela, propiedad privada, etc. etc. etc.

Dicho esto, ¿Por qué carajo estamos contestando cosas como: no somos comunistas? De plano es una estupidez sin sentido, es una especie de diálogo descompuesto. Un comunicador dice que están defendiendo la república y nadie se pone colorado y todos y todas salimos a explicar lo inexplicable. ¿Qué tiene que ver la república con todo esto? NADA.

La influencia de las empresas de medios es indudable en un sector de la sociedad, no sé cuánto, lo que, si estoy seguro que no lo es en todo el Pueblo que, si es influenciado por la acción política, por los hechos que repercuten en su vida cotidiana.

Me apena ver intelectuales, dirigentes, comunicadores, etc. del campo Nacional y Popular explicando porque no somos Venezuela, porque la república no está en peligro, casi pidiendo permiso para intervenir y expropiar una empresa llevada a la quiebra por una banda de delincuentes que manejaban la empresa y que manejaron nuestro país hasta el 10 de diciembre del 2019.

Me parece, desde esta humilde trinchera de opinión, que tenemos que empezar a hablar de lo que tenemos que hablar: Cómo generamos riqueza y cómo la distribuimos correctamente para lograr la felicidad del Pueblo y la, lógicamente, grandeza de nuestra Patria.

Mi maestro, el que me enseñó el arte del cine, José Martínez Suárez, me decía: “es imposible leer todos los libros del mundo, hay que aprender a seleccionar, de lo contrario no se aprende nada”.

Quizás, en algún momento de la construcción permanente del Movimiento Nacional y Popular, tengamos que aprender a leer, escuchar y mirar. Capaz, ahí empecemos a instalar nuestra propia agenda de temas que le cambien la vida a los que siempre representamos: lxs que no tienen voz.