Amenazas de muerte a Cristina, golpes de Estado y otras yerbas

Por Silvina Caputo.

La amenaza de muerte a la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner y a sus hijos, tildados de «crios políticos» en la red social Twitter de parte de un periodista y excandidato a legislador por el partido de José Luis Espert, Eduardo Prestofelippo, terminó una semana que estuvo signada por el anuncio de un eventual golpe de Estado de parte del mismo expresidente que tomó el poder luego de que Fernando de la Rúa huyera en un helicóptero en el 2001.

En el medio, los medios, fueron llenando espacios con repercusiones de cuanto comentador quisiera opinar sobre la posibilidad de una ruptura constitucional, agigantando los fantasmas que por más que fueron evocados, no llegaron, ni tienen ganas de despertar.

El manto de la reforma judicial, su tratamiento en el Congreso, y el aluvión psiquiátrico fuera de él (frente al Parlamento y sin vallas, gracias a Cristina), también estuvieron presentes, y pese a que el Senado aprobó la media sanción, en las redes los odiadores de siempre no se privaron de nada.

La amenaza a la expresidenta tampoco se produjo en cualquier momento, y Cristina no fue la única destinataria. Todo se supo cuándo -durante el debate, algo que agrava aún más la situación- la senadora del Frente de Todos Anabel Fernández Sagasti pidió la palabra.

«Se han creado dos cuentas que han publicado los teléfonos particulares, en mi caso de la casa de mis padres, y direcciones de todos los senadores que estamos defendiendo este proyecto de reforma judicial», denunció en el final de la sesión, y pidió una interrupción de la palabra al jefe de los senadores del Frente de Todos, José Mayans, para solidarizarse con la vicepresidenta.

Lo que les preocupaba tanto a los defensores de la República se debatía ahí, en el seno democrático por excelencia, y tenía que ver con mejorar un sistema judicial que ya se ha probado, no ha dado buenos resultados.

 Pero como no alcanzó hablar de impunidad para denostar los cambios propuestos por el Ejecutivo -en pleno cumplimiento de sus promesas de campaña-, ni que el senador Oscar Parrilli retirara el artículo referido a los medios, la violencia se siguió exponiendo a como diera lugar.

Y el lugar de los «cobardes» como dijo luego Gregorio Dalbón, es Twitter, por excelencia. Un espacio que vino a potenciar la bajada de línea de cuanto delirante aparece, gratuito o pago, y que vino a engañar a la opinión pública como los propios medios de siempre, se cansaron de hacer.

Un lugar que no sabemos quién maneja, con qué reglas, con qué fines, pero que marca tendencias que a la vista saltan, no deberían ser tales.

Pero como también dijo el abogado de la presidenta del Senado, «todo tiene un límite» y la amenaza será analizada y derivada al fuero federal.

Ese mismo fuero que los manifestantes que descubrieron la calle hace 25 minutos no quieren reformar.

Mal que les pese, la violencia no se puede naturalizar, ni en las redes, ni en la puerta del Parlamento, ni frente al Obelisco. La violencia es violencia por más banderita al viento y cartel a mano alzada que se muestre.

Mientras tanto, será el área de ciberdelitos del Ministerio Público Fiscal el que investigue las leyendas escritas amenazantes que rezan «Vos no vas a salir VIVA de este estallido social. Vas a ser la primera -junto con tus crías políticas- en pagar todo el daño que causaron. Te queda poco tiempo».

Estallido social es lo que quieren, porque en el fondo, son los golpistas de siempre.