Alta en el cielo

Por Estanislao Graci y Susini.

La privatización de Aerolíneas Argentinas, en los primeros años del gobierno de Carlos Menem, tuvo un derrotero a la altura de su fortaleza. La decisión, tomada en alguna “mesa de arena” de la Trilateral y el Consenso de Washington, de que la empresa pasara a revistar en la nómina de empresas privadas de capital transnacional, se empezó a concretar cuando sobre el final del gobierno de Alfonsín, Rodolfo Terragno intenta venderle el 40% del paquete accionario a la escandinava SAS. Esta operación no llegó a concretarse por oposición del Justicialismo, sin embargo, si se privatizó en esos años Austral Líneas Aéreas, que pasó a ser del empresario mendocino Enrique Pescarmona.

Poco tiempo después del fracaso radical, ya durante el Gobierno de Carlos Menem, donde tendrá lugar la etapa más dramática de desguace del Estado Argentino, se procederá a la privatización y venta, a la española Iberia, de Aerolíneas Argentinas, por ese entonces, la principal empresa aérea de Sudamérica.

Todo el proceso de privatización fue escandaloso, se cambió su personería jurídica, se recibió como pago por la empresa una millonada de más de mil millones de dólares en bonos de la deuda que se tomaban al 100%, se saneó a Aerolíneas para que el comprador la reciba sin deudas y hasta incluso se tuvo que recurrir a la “mayoría automática” de la Corte Suprema, recientemente ampliada por Menem, para evitar la acción de la justicia ordinaria ante la denuncia de vaciamiento de un Diputado Nacional. El diputado era Moisés Fontela y su denuncia se fundamentó con un dictamen de la Inspección General de Justicia que firmó Julio González Arzac, quien renunció por este mismo hecho al gobierno de Menem. Toda una aventura digna de pistoleros.

Como ya dijimos, la línea de bandera fue adquirida por la española Iberia. Para comprarla, además de los papelitos pusieron 250 millones taca taca, que consiguieron en el mercado financiero. Ya una vez dueños de la empresa, les cargaron a sus balances los créditos con los que la compraron. WIN WIN. Otros pistoleros, estos peninsulares, que nada tenían que envidiarles a los argentinos nacidos y criados.

Así comenzó la operación privada de nuestra línea de bandera, antes de despegar el primer avión de una empresa que adquirieron sin deudas, Aerolíneas Argentinas ya debía un platal. Entonces, su balance anotaba en números rojos un debe que debería haber sido de Iberia. Pero, recordemos siempre que esta es una historia de pistoleros, y que la contraparte obligada del debe es el haber. Y claro que había, un montonazo había. Había aviones, hangares, repuestos, rutas, oficinas en todo el mundo, simuladores de vuelo de primera generación y un larguísimo etcétera del que nos ahorramos detallar para no llorar. Porque Iberia, la compañía que venía a sustituir la ineficiencia estatal por los mejores estándares de management empresario, se robó hasta los tornillos. No dejaron nada, ni las sombras de lo que alguna vez fue un motivo de orgullo nacional.

Todo se chafaron, ¡rufianes!

¿Sabés que hacían? viajaban a Madrid con los neumáticos nuevos que Aerolíneas tenía en sus pañoles, llegaban a Madrid, sacaban los neumáticos nuevos, los reemplazaban por otros bien “amortizaditos” por Iberia y nos mandaban el pájaro de vuelta. Baste este ejemplo para comprender qué pasó con el Haber, con los activos, con el capital de Aerolíneas Argentinas.

El único capital de nuestra línea de bandera que no pudieron ni rematar, ni vender, ni destruir, ni robarse fue su enorme capital humano, el orgullo de pertenecer a una empresa que nada tiene que envidiarle a la mejor del mundo, el compromiso de la gente que hizo y que hace grande a Aerolíneas.

Para rematar la faena, ya que estamos hablando de ibéricos, y cuando no quedaba ya nada por vender de aquella empresa señera de la aviación comercial, le vendieron a un pistolero con carnet, don Antonio Mata, cuya fotografía engalana las paredes de las taquerías de cualquier rincón del planeta por el que haya paseado su vocación de bandido, Aerolíneas Argentinas por un dólar. Sí, un (1) dólar. Uno solito. El tal Mata, junto con alguno de sus socios terminó cumpliendo prisión en España por esta operación. No fue el único negocio de Mata en nuestro país, también fundó y vació un diario, el Crítica de la Argentina, en sociedad con Jorge Lanata y el ex juez federal Gabriel Cavallo. Pero esa es otra película, aunque también sea un Western.

El resto del viaje de nuestra querida empresa de bandera es conocido. Cuando sólo quedaba la gente, que ya ni cobraba si el Estado no ponía los pesos. Cuando toda su flota era antigua y alquilada, cuando ya no tenía ni simuladores ni nada, el gobierno de Cristina Fernández decidió nacionalizar nuevamente la empresa.

Y hoy, incluso después del paso horroroso de Luis Malvido por la presidencia de la empresa durante la presidencia de Mauricio Macri, Aerolíneas Argentinas vuelve a llenarnos de orgullo. Vuelve a emocionarnos el compromiso de quienes trabajan en ella.

Hoy, a punto de iniciar una travesía hacia China a buscar elementos…, reactivos e instrumental médico para aliviar o ayudar a paliar la crisis provocada por el Coronavirus,

Aerolíneas es, también una metáfora de la Argentina.

Argentina también se levantará gracias a su pueblo.