Alberto y Lula: Cómo pensar América Latina después de la pandemia

Por Dra. Carolina Mera. Decana de la Facultad de Sociales – UBA.

Desde la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, venimos promoviendo diálogos para pensar la coyuntura de América Latina, con participación de personalidades de la región (como Álvaro García Linera, Rafael Correa), junto a docentes de la Facultad y responsables de la gestión pública.

En este caso, se trató de un intercambio virtual convocado para pensar la región después de la pandemia y cuyos oradores fueron el Sr Presidente de la República Argentina y Profesor de la UBA, Alberto Fernández, y el presidente del Brasil mandato cumplido, Luiz Inácio Lula da Silva.

Antes del encuentro entre ambos políticos, se convocó a un conjunto de colegas como disparadores del Seminario. Entre ellos, el Premio Nobel de la Paz y titular de la Cátedra Cultura de la Paz y derechos Humanos de nuestra Facultad, Adolfo Pérez Esquivel, la Profesora y jurista Carol Proner, la Docente universitaria y abogada laboralista Natalia Salvo, el Ministro de Educación, Nicolas Trotta, el Diputado Eduardo Valdés, la Secretaria Ejecutiva de CLACSO, Karina Batthyani, y el representante de los trabajadores Víctor Santamaría. Como Decanay organizadora de la actividad, tuve el gusto de abrir el evento y poder compartir algunas ideas que también volcaré en este relato.

Fue un momento de gran emotividad que nos recuerda la necesidad de pensar la región integradamente.

Al menos dos reflexiones de esta actividad. Una, la necesidad de poner en valor la relación entre producción de conocimiento en Ciencias Sociales y las instancias de responsabilidad de la gestión pública; otra, acerca de la necesidad imperiosa de debatir, reflexionar, evaluar y pensar la región en este contexto de pandemia COVID19.

El primer eje nos lleva a una primera pregunta, que refiere a la apuesta al diálogo, -a veces desconfiado o difícil-, entre lo académico y el mundo de la gestión pública, entre quienes producimos conocimiento y quienes producen políticas y tienen responsabilidades de gobierno.

¿Por qué esta actividad desde la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA? Porque las ciencias sociales producimos conocimiento relevante para hacer diagnósticos y definir políticas y normativas, pero también producimos conocimiento crítico indispensable para una transformación de paradigmas, para la creación de teorías que permitan diseñar escenarios y caminos hacia sistemas más justos, inclusivos y finalmente más felices.

Y esto es posible porque desde las ciencias sociales estudiamos, investigamos, producimos conocimiento en diálogo con los saberes de otros actores que componen lo social, como movimientos sociales, sindicatos, los movimientos de mujeres y disidencias, los pueblos originarios, religiones y cultos, artes, y muchos otros. Esta dinámica, es más que una posición política, es un principio epistemológico que pone a nuestras disciplinas, en el eje del compromiso con los problemas sociales contemporáneos. Los principios de los Derechos Humanos, de igualdad, de justicia, de inclusión, así como los nuevos desafíos a los que nos enfrentan los cambios de las sociedades, se vuelven base fundamental de nuestra práctica. Así, gran parte de la comunidad académica comparte algo muy importante, a saber, la convicción de que la sociedad por venir puede ser mejor que la actual, la creencia que un mundo mejor es posible. Sin embargo, ese horizonte parece aún lejano. Las turbulencias de la región nos demandan hoy debates urgentes sobre el rol del Estado y las políticas públicas, el financiamiento de las mismas y la redistribución de la riqueza, el impacto diferencial de la pandemia por grupos sociales, de género, de formas de vida, pero también sobre la ética del cuidado y de la vida, como procesos de construcción consensuada de derechos.

Repensar aspectos como la salud, la educación, la circulación de personas, la economía y el mundo laboral, las relaciones familiares y afectivas, las relaciones de género, el cuidado y convivencia cotidiana, etc. desde la experiencia excepcional de la pandemia, hecha luz sobre las viejas deudas de nuestras democracias en temas de desigualdad y de injusticias. Para esto es importante crear conceptos y categorías, nuevas formas de leer los procesos sociales y adjudicarles valoraciones. Todas estas inquietudes fueron abordadas de diferente manera. Eduardo Valdés, Diputado nacional arrancó diciendo que deberían ser los trabajadores esenciales los más reconocidos en la nueva sociedad que construyamos en la pos pandemia, augurando el espíritu transformador que primaría en las casi dos horas de intercambio virtual.

Natalia Salvo, desde su práctica como abogada, también enfatizó la importancia de fortalecer la democracia para evitar que los conflictos no mediados por la ley, terminen siendo resueltos por los poderes fácticos, y resaltó que “es importante advertir que el conflicto constitutivo de este neoliberalismo que mostró sin duda alguna, una incapacidad absoluta para gestionar este tipo de vicisitudes es central”.

El segundo eje del intercambio político- académico, rondó en las perspectivas para la región,

No es posible pensar los desafíos de la región luego de la pandemia sin tener en cuenta las políticas de los gobiernos, sus modelos de desarrollo de acuerdo a si son más o menos inclusivos, si promueven más o menos políticas de crecimiento económico e inversión en CyT, y en este contexto, si tienen más o menos en cuenta la ética del cuidado y de la vida.

Entendemos que cualquier construcción colectiva, por encima de las diferencias sectoriales, debe valorar los principios fundamentales de la democracia, la justicia social y el respeto inalienable a los derechos humanos. Eso es lo que deberíamos fortalecer, desde ahora, para después de la pandemia. Esta línea planteada en la apertura, fue retomada en la intervención de Karina Betthyany, al sostener: “Necesitamos redefinir y discutir la nueva ecuación sociedad-estado, apelando a las riquezas que sin lugar a dudas tiene nuestra región en capacidades humanas. Es la oportunidad de fundar un nuevo contrato social”, La misma postura sostuvo el dirigente sindical Víctor Santamaría afirmando que la pandemia puede ser una oportunidad.

Desde su experiencia en el ministro de Educación, Nicolás Trotta, enfatizó el valor de la educación, tanto para aprender del pasado como para imaginar otras realidades posibles. Construir un mundo mejor “depende de la capacidad de respuesta de nuestros gobiernos”, y especialmente de priorizar la educación, la ciencia y la tecnología, como forma de crear capacidades en nuestras sociedades.»La pandemia iluminó la profunda desigualdad de Latinoamérica, que no es el continente más pobre pero sí el más desigual del mundo. Por eso pensar el mundo post pandemia implica repensar el rol del Estado, aprender de los limitantes hacia el desarrollo que transitamos en el pasado y repensar también los procesos de integración”.

La jurista brasileña Carol Proner, enfocó su intervención en la defensa de la democracia frente a los ataques sistemáticos del Lawfare. Se trata de procedimientos que consisten, entre otras cosas, en la utilización de mecanismos mediáticos como la utilización de titulares de prensa y la espectacularización de los casos mucho antes de cualquier proceso legal, así como en el despliegue de magistrados, miembros de la fiscalía, de las policías orientadas a flexibilizar las garantías constitucionales, usando para esto diferentes excusas como la lucha contra la corrupción, el narcotráfico o la evasión de impuestos. Algo conocido en nuestro país en el gobierno anterior.

El premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, nos trajo a la escena del debate introductorio la existencia cada vez más marcada de un desequilibrio muy fuerte entre el ser humano y la Madre Tierra. La falta de políticas que tengan que ver con los cambios que nuestros tiempos demandan, está llevando a un alejamiento cada vez mayor entre las medidas de los gobiernos y las condiciones devida delos pueblos. Como en otras oportunidades insistió en que “La economía debe estar al servicio del pueblo y no el pueblo al servicio de los intereses económicos”.

El diálogo virtual que se dio, se caracterizó por un espíritu crítico dentro de un abanico que abarcó ideas más esperanzadoras hasta aquellas menos auspiciosas. Estas últimas, fueron las que focalizaron el riesgo y la tragedia, y se hicieron eco de las experiencias de aquellos países donde los gobiernos no están tomando las decisiones desde el cuidado de la vida y una ética del cuidado, sino desde los intereses de la economía.

En sintonía con las ideas disparadas por los distintos participantes, y siguiendo el clima emotivo, el presidente de Brasil con mandato cumplido, Lula da silva, aseveró que la única forma para salir de la pandemia es el fortalecimiento de los sistemas democráticos en la región ya que saldrán mejor de esta pandemia los países en los cuales se priorizó a la población. Si bien el virus no registra las diferencias sociales, y puede infectar a cualquier ser humano, las condiciones de los más pobres se prestan a muertes devastadoras. En ese aspecto, sintonizó con el clima de la Mesa, manifestando que la vida no tiene precio y es deber del Estado el de organizar a los grupos sociales para atravesar este momento. Y desde ese presupuesto reconoció a Alberto Fernández como un «verdadero líder» de la región, con toda la potencialidad para recuperar la capacidad de los pueblos y los recursos naturales para volver a la senda de los logros económicos y sociales de las políticas progresistas en América latina en décadas anteriores.

No sé cómo será el mundo después de la pandemia, nadie lo sabe. Pero tengo la certeza de que los países en los que el gobierno pensó primero en la población, como el caso de Argentina, saldrán mejor de la crisis que aquellos que no lo hicieron. Es muy triste lo que sucede en Brasil y por eso quiero felicitar a Alberto Fernández por la alta responsabilidad con la que viene enfrentando la pandemia, por el coraje que caracteriza a un verdadero líder».

La afectividad de Lula fue retomada por Alberto Fernández quien inició en un tono emocionado con una mención de solidaridad a Lula e impregnó de afecto la transmisión. Cuestionó la “persecución política” a Cristina Kirchner, Rafael Correa y al mismo Lula Da Silva, actos inadmisibles en una verdadera cultura republicana. Retomando el rol del Estado en la pandemia, explicitó la decisión del gobierno de intervenir y de fortalecer las áreas necesarias para enfrentar la pandemia. En nuestro país, en lo que va de la pandemia, el Estado ha asistido a distintos grupos de personas, cifra que alcanza al 80% de la población económicamente activa. El sostenimiento del ASPO debe leerse en ese encuadre ideológico. Un Estado que prioriza la salud pública, y la vuelve una medida ética. En ese sentido, se trata de políticas para preservar vidas que son lo fundamental para la práctica política entendida como una acción ética.

La reflexión avanzó hacia un cuestionamiento del sistema capitalista tal cual lo conocemos, que volvió a interrogarse sobre la responsabilidad política y la ética del cuidado: “Es tan profunda la crisis que se generó que tenemos la gran oportunidad de revisar el sistema capitalista y hacer un capitalismo que le de acceso a todos y no a pocos. Que no concentre la riqueza, sino que la distribuya. Es que todo vale nada y vemos que aparece un virus y pone en jaque al sistema”, enfatizando la pandemia como una lección que nos convoca a pensar un capitalismo que distribuya más igualitariamente.»La pandemia dio vuelta el mundo, puso todo en crisis. El tema es que hace 100 días que todo el mundo está contando la lista de muertos, pero si empezáramos a contar también las caídas de bolsa veríamos además que la economía mundial se ha derrumbado. Porque la economía necesita de hombres y mujeres que consuman y trabajen, y cuando estos se enferman no hay capitalismo que funcione». El derrumbe económico del capitalismo financiero desafía a crear un nuevo capitalismo que se integre a la sociedad.Y en ese proceso, “otra vez los pueblos de América Latina van a volver a ponerse de pie y como soñaron Bolívar y San Martín, vamos a construir la patria grande” dijo efusivamente.

Fue interesante que ambas personalidades, recurrieran a las imágenes de una América Latina unida bajo la sintonía de sus gobernantes. Ambos mencionaron y se reconocieron en esos años de gran integración, cuando los gobiernos progresistas eran mayoría en América Latina. Años en que la ampliación de derechos, la reducción de la pobreza, la valoración de todas las culturas y diversidades disidentes fuera una práctica en avance continuo.

Construir nuevas realidades, finalmente de eso se trata. Y allí volvemos a encontrarnos, académicos, intelectuales y servidores de la función pública. Unos, con una vocación militante en la política partidaria, y otros con una vocación militante pedagógica y científica, y todos sobre valores y principios democráticos. La pandemia COVID19 nos hace valorar el espacio público, el compartir el pensar y el sentirnos parte de una construcción colectiva. Esa construcción colectiva, por encima de las diferencias sectoriales, pero valorando los principios fundamentales de la democracia, la justicia social y el respeto inalienable a los derechos humanos es lo que deberíamos fortalecer, desde ahora, para después de la pandemia.

La actividad que se transmitió desde la residencia de Olivos, y contó con el auspicio del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) y del Consejo de Decanos y Decanas de Facultades de Ciencias Sociales y Humanas de la Argentina, dejó vislumbrar nuevos debates y desafíos que seguirán siendo promovidos por la universidad pública, desde su espíritu crítico, democrático y republicano.