Alberto no te suicides

Por Claudio Posse.

Un buen amigo y compañero mío, Gustavo Morato, me cuenta que Irene Vallejo, en su libro “El infinito en un Junco”, que los libros pueden llevar a la muerte. Relata el caso del Fedón de Platón[i] que hizo que un joven griego se suicidara. Continúa relatando que Goethe, el literato alemán, con su “Joven Werher” [ii] llevó al suicidio a muchos jóvenes contagiados x su historia. Luego narra la cantidad de libros bombas que todos los años los servicios de inteligencia de distintos países desactivan. Comenta el caso de Luciano Prodi, presidente de la Comunidad Europea que estuvo a punto de morir x un libro bomba de Gabriele D’Annunzio [iii]. Gustavo Morato, con absoluta subjetividad política e ideológica, cierra el comentario diciendo: “¿Será por eso que Mauricio Macri se niega a leer?”

Obviamente que el comentario me robó una sonrisa y, a la vez, me dejo pensando en la “Política Comunicacional” de propios y ajenos. Pero antes me parece interesante poder definir “la comunicación”. Se escucha en el “run – run” de la política local la idea permanente de que el gobierno de Alberto Fernández falla en la comunicación. Permítanme disentir. En política, como en todos los ordenes de la vida, la comunicación es parte de una estructura superior. En este caso, simplificando al extremo, la comunicación del gobierno esta intrínsicamente relacionada con la Política comunicacional. Es decir, no existe comunicación posible si antes no tenemos política (en todas sus composiciones). La política, a través de los y las dirigentes y dirigentas políticas, es la que traza las líneas de la comunicación. Por eso me parece pertinente llamarla por su nombre: Política comunicacional. Hago hincapié en esto porque la consecuencia de tener una comunicación “inorgánica” de la política es el triunfo de la anti política, que tan mal le hizo, hace y hará a nuestra Patria y a nuestro Pueblo, como ejemplo rápido recordemos a De Narváez con su “alica alicate” como plataforma electoral en las elecciones legislativas de 2009. En esa elección, del 2009, teníamos dos posturas, la del mencionado empresario, que podemos decir que es la anti política, ya que desapareció luego de la elección del 2011, y Néstor Kirchner con la política al frente siendo el candidato él y teniendo una política comunicacional definida y proyectada.

En la política el suicidio es una situación mucho más común de lo que parece, la relación del o la dirigenta política con la muerte (política) siempre esta en juego y determina situaciones a través de la acción. Entonces, podemos ver seguido que los y las dirigentas, en términos individuales y no colectivos, suelen cometer esos suicidios políticos. Eso sucede, según mi criterio, porque las decisiones son de carácter personal y no tienen una visión “POLÍTICA”. Porque lo político es colectivo.

Dicho esto, podemos pensar también que la insistencia permanente de lxs compañerxs a cometer esos errores es producto de la confusión en la construcción de la política comunicacional, en realidad, cuando no existe la “política comunicacional” y opera la comunicación como ente propio. Como si tuviera vida, casi como un fetiche.

Un ejemplo que me gusta describir siempre es el peronismo kirchnerista. Luego de la pelea con el mal llamado “campo” y, un año después, haber perdido la elección intermedia del 2009, el gobierno, comandado por Cristina Fernández, utilizó una “política comunicacional” diferente. El gobierno profundizó el modelo y comenzó una etapa de “incorrecciones” políticas que se verían reflejadas electoralmente en 2011 con un triunfo contundente en la reelección de CFK, con más del 54% de los votos.

Es interesante pensar que lo políticamente incorrecto refleja, en realidad, lo políticamente correcto en términos de las necesidades y logros populares.

Pero es imprescindible, para realizar lo políticamente incorrecto para las elites, que es lo correcto para el pueblo, tener una virtud: ser valiente.

La valentía en sentido del deber ser. Ahora, la pregunta sería ¿es muy difícil ser valiente? Y, la verdad que no, es solo seguir las convicciones que se construyen durante toda la vida y formarse permanentemente.

Para terminar, quizás una de las formas de suicidio político que más podemos observar es olvidarse de los orígenes y del Pueblo.


[i] El Fedón es uno de los diálogos de la época central de Platón, junto con El Banquete, Fedro, y La República. En él se cuenta la última noche de Sócrates en la cárcel; a la mañana siguiente, al amanecer debe beber la cicuta, y permiten que los amigos pasen con él hablando esa última noche. Sorprende la serenidad de Sócrates frente a la falta de ella de los amigos, que llegan a llorar al final, como Critón. Los temas que tratan son la muerte, la filosofía la inmortalidad del alma y el dominio de las pasiones como caminos de purificación.

Los personajes son Ecquécrates, Fedón, Apolodoro, Cebes, Simmias, Critón, Jantipa (mujer de Sócrates) y el Sirviente de los Once (el encargado de darle la cicuta a Sócrates).

El diálogo comienza cuando se encuentran Ecquécrates y Fedón; éste último estuvo en la celda de Sócrates la última noche y fue testigo de su muerte, y se lo relata a Ecquécrates. Fedón destaca la serenidad y alegría que siente al haber podido participar de este acontecimiento y de los pensamientos y las reflexiones que hizo el filósofo. Relata que todos los amigos iban a visitarlo en prisión mientras duró la condena y se ejecutó la sentencia. Ese último día también estaba la mujer de Sócrates, Jantipa, a la que Sócrates echa, pues se pone a llorar y Sócrates comienza diciendo que no es motivo de llanto la muerte, sino de alegría y serenidad, pues está convencido de pasar a una situación mejor que la de la vida terrenal. Sócrates no es partidario del suicidio, puesto que hay que esperar lo que la divinidad nos mande, pero envidia a todo aquel que muere, ya que el filósofo desea liberarse de la tortura del cuerpo.

Para Sócrates – y Platón – la muerte es la liberación del alma que está aprisionada en el cuerpo, que es el barro, lo temporal y la maldad. En la filosofía platónica el alma es inmortal, y su lugar natural es hallarse alrededor del mundo de las Ideas, contemplando estas verdades eternas e inmutables; el nacimiento supone una caída de esta felicidad y quedar atrapado en la suciedad y el barro, y el alma, olvidando todo lo que contempló queda “atontada” en esta realidad, pero quiere liberarse. Esa liberación o purificación vendrá, desde la filosofía platónica, por tres vías – que más tarde se expondrán en este diálogo y los otros de madurez arriba citados – que son: AMOR, MUERTE Y FILOSOFÍA. El cuerpo y lo material tiene en Platón un sentido tan negativo porque introduce la temporalidad, y ésta significa destrucción, degeneración y estar sometidos a las pasiones, que nos distraen de nuestro objetivo, que es cultivar el alma para que pueda volver a “tener alas” y ascender de nuevo a la contemplación de las Ideas o Formas Suprasensibles.

Sócrates, en el diálogo que nos ocupa, afirma que el hombre que ha dedicado su vida a la filosofía no teme morir, ya que muere con la esperanza de que “a partir de esta vida disfrutará de goces sin fin”; la vida del filósofo es entendida, así como una preparación para la muerte.

La MUERTE es la separación del cuerpo y el alma, y el filósofo no se preocupa en exceso del cuerpo y por gozar las “voluptuosidades del cuerpo”, pues ello significa estar cerca de la muerte. El cuerpo es entendido también como un obstáculo para la adquisición de la ciencia, porque los sentidos nos llevan al error. El alma alcanza las verdades universales, el verdadero conocimiento y la justicia a pesar de los sentidos, superando los sentidos, que embrollan al alma y suponen un obstáculo para alcanzar su objetivo. El cuerpo demuestra también Sócrates que es malo, pues intentar contentarlo, darle cosas materiales y placeres es el origen de guerras y combates. Por todo ello, demuestra Sócrates que LA MUERTE ES UNA PURIFICACIÓN DEL ALMA, Y COMO TAL LA DESEA. Es así que esta purificación es la tarea de la vida del filósofo, y sería una contradicción intentar regirla en le momento que llega, pues demostraría que sólo se interesa por el cuerpo y no por el alma. “La verdadera virtud es la purificación de toda clase de pasiones”.

Interviene entonces Cebes, apostillando que el miedo a la muerte viene de pensar que el alma se disgrega y desaparece al morir. Responde Sócrates con una demostración acerca DE LA NATURALEZA DEL ALMA: El alma permanece en algún lugar tras la muerte del cuerpo, y preparándose para otras reencarnaciones; el alma contempla las Ideas mientras está ahí, y por ello, cuando llega al mundo de los sentidos es capaz, con las técnicas y el control adecuado, de RECORDAR lo que ya vio en el mundo de las Ideas; por ello EL CONOCIMIENTO ES SOLO REMINISCENCIA, recuerdo de lo que el alma ya había visto, y no conocimiento nuevo, construido y adquirido en la vida sensible. Sócrates demuestra la inmortalidad del alma de esta manera: si sabemos interrogar a alguien, llegaremos a descubrir las verdades escondidas dentro de su alma. Sócrates lo ilustra con la idea de igualdad, que no aprendemos por la experiencia, y por ello, no queda más que admitir que es algo que ya está en nuestra alma previamente. Lo que sucede es que, al nacer y contaminarnos de materia, olvidamos tales conocimientos.

Las cosas sensibles desaparecen; las Ideas o esencias permanecen. El hombre es cuerpo y alma en una misma realidad (a esta afirmación se la conoce como DUALISMO ANTROPOLÓGICO). Cuando ambos están unidos el alma manda sobre el cuerpo; luego el cuerpo se disuelve y el alma continúa existiendo.

La SABIDURÍA es una preparación para la muerte, para ver las cosas divinas, y solo alcanzará esa visión cuando se haya liberado del cuerpo; el que se deje guiar por él, se reencarnará en algo peor (“cuerpos de asnos o algo semejante”). Los filósofos renuncian a los placeres de del cuerpo y a los honores. El alma del filósofo sale de la oscuridad de los sentidos para acercarse al mundo inteligible.

Sócrates habla de los cisnes, animales de Apolo y adivinatorios; según él, cantan cuando contemplan las excelencias del mundo divino.

Simmias le dice a Sócrates que no considera suficientes las pruebas que ha dado sobre la inmortalidad del alma: si el cuerpo es armónico, a esa armonía se puede llamar alma, y no está en ningún lado; por ello, al romperse el cuerpo, aquella desaparece. Cebes continúa: si el alma transmigra de un cuerpo a otro, ¿no se estropea de tanto pasar? Sócrates responde: ¿está todos de acuerdo en que el conocimiento es reminiscencia? Si es así, la idea de armonía es previa a la armonía sensible, producida por el cuerpo (su argumento anti inmortalidad). Pero esa armonía la produce el alma al someter al cuerpo.

Sócrates contesta a Cebes. Cebes se había referido al alma en la METEMPSÍCOSIS o transformación, temiendo que ésta se estropease. A ello le contesta Sócrates que al conocimiento de las verdades no se llega por el conocimiento sensible, pero que el camino a seguir es largo y podemos quedar cegados por las verdades que alcanzaremos. Sócrates comenzará la demostración de que “existe algo bueno, bello y grande por sí mismo”.  Si existe la belleza es porque participa de la Belleza, no porque la compongan los ojos y los nervios; existe la idea, y lo demás participa de ella. Y esas Ideas no nacen ni perecen; de ellas nace lo sensible. Lo que hace vivir al cuerpo es el alma, que es el alma, que es inmortal, pues no admite lo contrario a ella, que es la muerte. Por ello hay una tarea ética: cuidar del alma apartándola de las pasiones, alimentándola de templanza y pureza. Este es el camino de la purificación, y por ello acepta con serenidad cuando llega el Sirviente de los Once a darle la cicuta. Sócrates acepta las indicaciones que el carcelero le da para tomar adecuadamente el veneno, se despide de sus amigos, toma el veneno y muere tranquilamente, no sin antes recordar a Critón que lleve a Asclepio el gallo que le tenía prometido.

[ii] Cuenta la historia de un joven artista que escapa de las presiones de su familia que no desea el arte para su vida. Werther se va pues en busca de su arte a Wahlheim, un pueblo ficticio donde conoce la vida tranquila de sus habitantes y se deslumbra con la naturaleza del lugar.

Por medio de cartas, Werther le va contando a su amigo Wilheim sus impresiones del lugar, las experiencias que vive y sus sentimientos hacia lo que experimenta allí.

Días después de su llegada, Werther es invitado a un baile, donde conoce a Charlotte, o Lotte, una joven hermosa que cuida de su padre y hermanos después de la muerte de su madre. Lotte, que es descrita por Werther como una mujer perfecta, disfruta de la literatura y la música, de pensamientos y sentimientos que comparte con Werther.

¡Y sin embargo cómo decirte lo perfecta que es, porque lo es! Basta; ella abarca todos mis sentidos, los domina. ¡Tanta ingenuidad unida a tanto ingenio!, ¡tanta bondad con tanta fuerza de carácter!”

Desde incluso antes de conocerla, Werther es advertido de que Lotte está comprometida con Albert, un joven serio y de buena familia. Albert, sin embargo, no está en la ciudad, y Werther parece olvidarse de este obstáculo mientras vive momentos de embriaguez idílica al lado de Lotte que no parece ponerle ningún obstáculo.

La historia llega a su punto más tensionante cuando Albert vuelve a Wahlheim. Ahora él se pone en medio de Lotte y Werther, quien, sin embargo, lo considera como un hombre bueno y digno de Lotte en primera instancia.

Ah, sentía tan colmado el corazón…Y salimos juntos, sin habernos comprendido. A nadie en este mundo le es fácil entender a los demás.

Pero pasan los días y Werther sale de su fantasía al darse cuenta de que nunca podrá tener a Lotte. El joven artista decide entonces irse del pueblo a trabajar con un duque en Weimar para olvidar a Lotte pero también para seguir con los deseos de su madre quien quería para él una vida más segura y honrosa que la de pintor.

Sé muy bien que no somos iguales ni podemos serlo, pero considero que quien cree necesario distanciarse de la llamada plebe para mantener el respeto, es tan censurable como un cobarde que se oculta del enemigo porque teme sucumbir ante él.

Mientras estaba en Weimar sufriendo de la discriminación de clases, Werther se entera de que Lotte y Albert ya se casaron. El joven vuelve pues a Wahlheim y allí empieza una decadencia moral que lo hace reconsiderar el sentido de su vida y su futuro.

[iii] Gabriele D’Annunzio​, príncipe de Montenevoso y duque de Gallese, fue un novelista, poeta, dramaturgo, periodista, militar y político italiano, símbolo del decadentismo y héroe de la Gran Guerra.