¿Ajedrez? ¿Y si jugamos Wei qi?

Por Víctor Hortel. Abogado.

El ajedrez no es un juego de azar, sino un juego racional y de estrategia, donde cada jugador/a decidirá el movimiento de sus piezas en cada turno.

Me atrevo a aventurar que hace tiempo nuestra política se viene alejando peligrosamente de la racionalidad. Ahora, ¿hay estrategia? ¿Es la racionalidad un requisito sin el cual resulta imposible diseñar una buena estrategia?

En el ajedrez, además de estrategia, hay que ser prudente y saber esperar el momento.

¿Qué nivel de prudencia tiene la política argentina? ¿Nuestros/as políticos/as, saben esperar el momento? ¿Cuál, es “el momento”?

El desarrollo del juego es tan complejo que ni siquiera los/as mejores jugadores/as pueden llegar a considerar todas las posibles combinaciones: aunque el juego solo pueda desarrollarse en un tablero con solo 64 casillas y 32 piezas al inicio, el número de diferentes partidas que pueden jugarse excede el número de átomos en el universo. Aun así, hay quienes tienen la asombrosa capacidad de jugar partidas simultáneas, algo que no todos/as pueden hacer.

Se afirma que para llega a jugar bien ajedrez, el jugador o jugadora debe desarrollar la capacidad de anticipar la jugada adversaria, así, cuantas más jugadas se predicen, mayores serán las posibilidades de ganar la partida.

Los/as jugadores/as experimentados/as, a fuerza de un estudio constante y obsesivo de aperturas, jugadas de desarrollo y rivales, prevén todas las jugadas probables de acuerdo a que ficha se juegue primero, llegando a tener en su cabeza la secuencia completa hasta la jugada final.[i]

El ajedrez es un juego de estrategia y planificación, que exige estudio, análisis, práctica constante, proyecciones y desafíos.

Normalmente una partida de ajedrez se gana bien por jaque mate, bien porque el contrario sepa que va a recibir inexorablemente jaque mate y, por ello, abandona.

Sin embargo, ganar una partida muchas veces no implica intentar dar mate al rey enemigo.

Entre jugadores/as fuertes, basta en muchas ocasiones con pequeñas consideraciones inapreciables para un/a aficionado/a para estar seguros/as de la victoria. Se consideran posiciones ganadoras aquellas en las que se puede demostrar que un bando gana con juego perfecto. Muchas de estas posiciones distan mucho del mate. Un ejemplo muy simple sería el siguiente: si eliminamos la dama (o cualquier otra pieza) de uno/a de los/as jugadores/as al inicio de la partida, es seguro que con juego perfecto el bando que tiene la pieza extra tiene posición ganadora. Llevar la partida hasta jaque mate, sin embargo, puede requerir decenas de jugadas.

¿Nuestros/as referentes son fuertes jugadores/as o simplemente aficionados/as?

Podemos concluir que el objetivo de un/a jugador/a de ajedrez, mucho antes que dar jaque mate, es alcanzar una “posición ganadora”. Esto puede conseguirse de muchos modos. Los más frecuentes pueden englobarse en unas cuantas clases, caracterizadas por el tipo de ventaja que posee el bando fuerte:

i. Ganar material sin compensación (de largo el más habitual).

ii. Conseguir un ataque directo contra el rey.

¿Esta nuestro espacio en una “posición ganadora”?

iii. Conseguir ventajas posicionales sustanciales como la destrucción de la coordinación de los peones o piezas enemigos, debilitación de la posición del rey contrario, dejar al/la contrario/a con piezas muy limitadas en movilidad, etc. Estas ventajas se deberán convertir más adelante en alguna de las dos ventajas anteriores.

Entre jugadores/as novatos/as, las ventajas surgen espontáneamente por graves errores, tales como colocar una pieza en una casilla en donde puede ser capturado, o llevar el rey a una posición fácilmente atacable. Pero entre jugadores/as más avanzados/as, las ventajas solo pueden conseguirse de forma mucho más sutil. Los procedimientos que se han ido desarrollando para conseguir ventaja se han englobado en dos grandes tipos: procedimientos tácticos y procedimientos estratégicos.

Por tanto, todo/a jugador/a avanzado sabe que no basta conocer los elementos básicos del juego, sino que es necesario conocer y aplicar correctamente las tácticas y estrategias ajedrecísticas.

Se entiende por táctica ajedrecística, al conjunto de procedimientos, generalmente implicando una o unas pocas jugadas, por las que un/a jugador/a intenta ejecutar en el tablero una idea sencilla. El objetivo de una maniobra táctica es obtener algún tipo de ventaja, entre las cuales la más característica es ganar material.

Se conoce como estrategia ajedrecística al conjunto de planes que realiza un/a jugador/a en una partida a medio o largo plazo. Las decisiones estratégicas pueden influir en el futuro de una partida durante muchas jugadas, o incluso en su totalidad.

Un ejemplo típico de decisión estratégica es la de eliminar piezas con el fin de alcanzar un final de partida. Esto puede ser ventajoso en diversas ocasiones. Por ejemplo, si se tiene ventaja material, dicha ventaja suele ser más fácil de explotar cuantas menos piezas existan. Por otro lado, si el/la contrario/a tiene la iniciativa o incluso un fuerte ataque, cambiar piezas puede también contribuir a que dicha iniciativa o ataque se disipe. La decisión estratégica de gran alcance de cambiar piezas debe entonces llevarse a la práctica por medios concretos, tácticos.

En la estrategia ajedrecística se suelen definir dos tipos distintos de elementos. Por una parte, están los elementos estáticos, que influyen en la partida durante largos períodos. Por otro lado, están los elementos dinámicos, que influyen durante un periodo más breve. A menudo, las decisiones estratégicas consisten en elegir cuál entre todos los elementos es el más importante. Por ejemplo, a menudo es posible al principio de la apertura conseguir capturar un peón a cambio de un considerable retraso en el desarrollo de las piezas. La pregunta es cuándo la ventaja estática que supone el disponer de más material se verá compensada por la ventaja dinámica que confiere el tener un mejor desarrollo. Esta comparación entre ambas ventajas será lo que hará que un jugador se arriesgue o no a realizar la maniobra de captura.

Explicadas que fueron algunas nociones básicas del ajedrez, cabe señalar que desde siempre –al menos en nuestro país-, ante una buena acción política o frente a la solución de una situación política compleja, se han realizado comparaciones o utilizado metáforas ajedrecísticas, para resaltar lo brillante de la jugada, o la calidad de quien la juega.

En igual inteligencia, suele afirmarse que los/as buenos/as políticos/as son jugadores/as de ajedrez, pues el ajedrez es un juego para personas inteligentes. Por lo tanto, si el/la político/a sabe jugar ajedrez se concluye que ese/a político/a es inteligente. O la variante, si es inteligente, entonces seguro sabe jugar ajedrez.

Lo cierto es que el ajedrez no es un juego para personas inteligentes, sino un juego que hace a las personas inteligentes. Básicamente porque el juego estimula el pensar, el analizar y el decidir

Supongo, que la asociación entre acciones tan distintas como la política y jugar ajedrez, se produce en torno a los conceptos de estrategias, tácticas, planificación, obtención de ventajas y posición ganadora, entre otras.

Dado que los conceptos de Planificación, Planificación Estratégica, Estrategia y Táctica, forman parte del ADN del Peronismo, me pregunto: ¿quien encarna en nuestro espacio ese rol de estratega?

En mi opinión, sin dudas, CFK; ¿pero, quien más?

Desde otro ángulo, la partida de ajedrez, reparte 16 piezas por bando, ¿entonces, quienes serían esas 15 fichas faltantes, que tendrían el inmenso honor de subirse al tablero con CFK para disputar la partida que todos queremos ganar?

Tengo clarísimo quien es la Dama, podemos coincidir con quien es el Rey, ¿pero y los restantes?

Téngase en cuenta, que, hasta los 8 peones, deben ser estrategas.

¿Dónde están las piezas que nos representan en el tablero de la política?

Aunque no lo podamos percibir con fuerza, ya han dado comienzo los movimientos estratégicos con motivo de las elecciones de este año, Y no solo los movimientos de la política grande, sino también de los internos y de los pagos chicos.

En este punto, cabe resaltar una cualidad exclusiva de CFK, en mi opinión, la única que puede jugar partidas simultáneas e incluso jugar fuerte en el tablero mayor de la geopolítica internacional.

Me tomo la licencia de llevarlos ahora a China, sin dudas una potencia mundial y fuerte actor de la geopolítica internacional.

Los chinos han sido siempre hábiles practicantes de la realpolitik y estudiosos de una doctrina estratégica claramente distinta de la estrategia y la diplomacia predominante en Occidente[ii].

Una historia turbulenta enseñó a los dirigentes chinos que no todos los problemas tenían solución y que un énfasis excesivo en el dominio total de los acontecimientos específicos podía alterar la armonía del universo. China siempre tuvo demasiados enemigos del imperio para vivir en una seguridad absoluta; su destino era el de una seguridad relativa, lo que implicaba también una relativa inseguridad: la necesidad de aprender las normas básicas de más de una docena de estados limítrofes con historias y aspiraciones significativamente distintas.

 En muy pocas ocasiones los dirigentes chinos se arriesgaron a resolver un conflicto en una confrontación de todo o nada; su estilo era más el de elaboradas maniobras que duraban años. Mientras la tradición occidental valoraba el choque de fuerzas decisivo que ponen de relieve las gestas heroicas, el ideal chino hace hincapié en la sutileza, la acción indirecta y la paciente acumulación de ventajas relativas.

Este contraste se ve reflejado en los respectivos juegos intelectuales por los que se ha inclinado cada civilización.

El juego que más ha durado en China es el del wei qui, conocido también en Occidente por una variación de su nombre en japonés, “Go”. Wei qi significa «juego de piezas circundantes» y lleva implícita la idea de cerco estratégico.

El juego empieza con el tablero, una cuadrícula de diecinueve por diecinueve líneas, vacío. Cada jugador tiene a su disposición 180 piezas, o piedras, todas de igual valor. Los jugadores colocan por turnos las piedras en cualquier punto de la cuadrícula, creando posiciones de fuerza y trabajando a un tiempo por circundar y capturar las piedras del adversario.

 En las distintas zonas del tablero tienen lugar múltiples contiendas simultáneas. A cada movimiento cambia gradualmente el equilibrio de fuerzas, a medida que los jugadores aplican estrategias y reaccionan frente a la iniciativa del adversario. Cuando termina una partida jugada correctamente, el tablero se llena de zonas de fuerza que se entrelazan parcialmente. El margen de ventaja suele ser mínimo y quien no esté acostumbrado al juego no siempre verá claro quién resulta vencedor.

En el ajedrez, en cambio, se juega para la victoria total; su objetivo es el jaque mate, colocar al rey adversario en una posición en la que no pueda moverse sin ser destruido. La inmensa mayoría de los juegos acaban con una victoria total conseguida por el desgaste o, en poquísimas ocasiones, con una maniobra hábil, espectacular. Otro resultado serían las tablas, o el abandono por ambas partes de la esperanza de vencer.

En el ajedrez se busca la batalla decisiva y en el wei qi, la batalla prolongada.

El ajedrecista tiene como meta la victoria total. El que juega al wei qi pretende conseguir una ventaja relativa.

En el ajedrez, el jugador siempre tiene ante sí las posibilidades del adversario; siempre están desplegadas todas las piezas.

El jugador de wei qi no solo tiene que calcular las piezas de la cuadrícula, sino los refuerzos que puede desplegar el adversario.

El ajedrez enseña los conceptos de Clausewitz del «centro de gravedad» y del «punto decisivo»: el juego suele empezar como lucha por el centro del tablero.

El wei qi enseña el arte del rodeo estratégico. Donde el hábil ajedrecista apunta a eliminar las piezas del adversario en una serie de choques frontales, el diestro jugador de wei qi se sitúa en espacios vacíos de la cuadrícula y va debilitando poco a poco el potencial estratégico de las piezas del adversario.

El ajedrez crea resolución; el wei qi desarrolla flexibilidad estratégica.

Vuelvo al inicio, ¿nuestros políticos son inteligentes? O, ¿deberían jugar ajedrez para serlo?

Y me permito preguntar: ¿Deberían jugar ajedrez? ¿Es el ajedrez el único o tal vez, el mejor juego para jugar? ¿No será tiempo de aprender otro juego?


[i] Recomiendo que vean la miniserie de Netflix, “Gambito d Dama”, protagonizada por Anya Taylor Joy.

[ii] Lo que sigue es un extracto del libro “ CHINA” de Henry Kissinger.