Agenda 2025, primero Argentina

Por Julio De Vido (h).

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En las horas que pasen entre que escribo estas líneas y la publicación de las mismas pueden pasar infinidad de situaciones, sin embargo, todo indicaría que Joe Biden se convertirá en el cuarentaiseisavo presidente de los Estados Unidos para el período 2021-2025.

Mediante la mera observación de cualquier mapa electoral se resalta, aún en estados ganados por el candidato demócrata, la ventaja de Donald Trump en los condados de áreas rurales o de pequeñas ciudades vinculadas a la producción agropecuaria, no así en las grandes ciudades o ciudades cabeceras de los mismos.

A pesar de que los últimos cuatro años no hayan sido los mejores en términos de cotizaciones de las principales commodities agrícolas, en parte sufrieron bajas por la agresiva política comercial del Presidente Trump para con China, los fuertes subsidios y apoyos económicos del gobierno federal estadounidense sostuvieron las rentabilidades del sector y reforzaron su voto para las recientes elecciones.

La composición demográfica del votante rural yankee es por sobre todas las cosas determinante en términos electorales, hombres y mujeres blancos no hispanos de edad media superior a la del resto del país, conservadores y en parte temerosos ante los discursos demócratas de modificaciones en los esquemas impositivos y en la política ambiental, los analistas estadounidenses identifican a su vez un “interés en sí mismos” a diferencia de los sectores de edad media inferior urbanos donde el candidato demócrata tuvo excelentes resultados, aún en las ciudades más importantes del cinturón de óxido donde Trump se hizo fuerte en 2016 con su discurso de repatriación de empresas norteamericanas asentadas en China.

La situación endógena o interna argentina es lo suficientemente grave per se como para analizar los impactos de situaciones internacionales como en este caso se trata de las elecciones norteamericanas, al margen de lo acaecido con la irrupción del coronavirus cuyos impactos están a la vista de todos y se suceden las vueltas a los confinamientos en particular en el escenario europeo.

Sin embargo, existen algunos puntos que podrían tener un efecto variable que, si Dios es argentino, podrían tener un impacto positivo en las variables económicas argentinas, sin adentrarnos en la política interna que encamine el próximo presidente norteamericano creo que nuestra óptica tendría que estar puesta en el cauce que transiten las relaciones Washington-Beijing.

La normalización de las relaciones entre las dos primeras potencias económicas mundiales podría retomar un sendero de crecimiento de los flujos de comercio internacionales de los cuales Argentina podría verse beneficiado o perjudicado de la misma forma, el efecto positivo se encontraría en una estabilización (hasta suba) en los precios de los principales productos de exportación agrícolas argentinos que favorezca el tan demandado ingreso de divisas.

La contracara negativa es, a mi forma de ver, la manera en la que Argentina encare sus problemas internos y el gobierno retome una agenda productiva planificada y sostenible, lo dicho en el párrafo anterior reforzaría el poderío de la cadenas globales de valor y podría poner en riesgo algunos de los pequeños avances que se tratan en estos días y fueron tratados en esta sección en cuanto a transformación de la matriz productiva agropecuaria y tendencia, o al menos voluntad, de llevarla a un concepto ligado a lo agroindustrial, claro ejemplo de esto son los convenios marco para la instalación de granjas porcinas en asociación con capitales chinos, dicho país se encuentra en un intenso proceso de reposición de stocks que en el marco de una renovada relación con los EE.UU. podría intensificarse, claro está que además de sus necesidades alimentarias el gobierno central chino tiene un interés geopolítico en la región que seguiría motorizando este tipo de inversiones.

Insisto nuevamente, olvidándonos por un momento solo del coronavirus, de las elecciones norteamericanas, de las intenciones geopolíticas chinas y demás yerbas es imprescindible que Argentina retome una agenda productiva soberana que genere un clima positivo de inversiones de los actores económicos nacionales para blindarse de los shocks exógenos sin descuidar ni desmerecer los flujos de inversiones extranjeras orientados a sectores que necesiten de estos para dar un salto productivo cualitativo.