A Vicente desde el alma hacia el alma

El de los milagros escritos con tinta invisible en épocas visibles de terrorismo de Estado.

Por Liliana Etlis.

“Valió la pena haber luchado tanto”, dijo con la humildad que lo caracterizaba, y agregó: “en mi agenda que la he guardado como recuerdo la mayor cantidad de los números de teléfonos, están tachados por todos mis amigos que han sido desaparecidos o asesinados”.

“Y yo digo que sí… y hacernos dueños de algo que todo ser humano merece tener, la exaltación de la vida, de la belleza, ser constructor de sí mismo de la dignidad y el arte es la forma más poderosa… Que tenga una mirada del mundo, escribir poesía, enfrentar el miedo, hay que tener miedo a la vida indigna”.

Otro amigo escribió: Fue poeta, dramaturgo, periodista, abogado defensor de presos políticos e hincha de Racing. Fue fundador en el exilio de la Comisión Argentina por los Derechos Humanos (CADHU), junto a Cortázar y David Viñas. Fue discípulo de Enrique Pichon-Rivière y creador de la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo, que dirigió hasta 2003. Fue todo eso y más, mucho más, Vicente Zito Lema, que falleció anoche para dejarnos la pena de los huérfanos de su poesía honda, sensible y política.

Hoy es un día triste. Las banderas de la sensibilidad y el amor de los pueblos deberían estar a media asta.

Algunos reprodujeron su conocida poesía sobre los Desaparecidos que un mayo en el exilio, había escrito al cumplirse un aniversario, los 30 años del golpe terrorista: “Ese hombre y esa mujer no tienen rostro…”escribió…No tiene rostro, ni nombre, solo números, gritos en el silencio, esperas en oscuridades plomizas.
Y recordé en aquel taller que dictó en Psico, donde lo que me llamaba la atención es su actitud por fuera de la soberbia, una persona simple en transmitir lo más complejo de las relaciones humanas.Se enaltecía con su saber popular.

Me acerqué sin cuidados ni protocolos, el hall de la facultad estaba repleto al enterarse varios estudiantes que estaba presente, sabía, además, que él ponía el cuerpo en las tomas justas de lugares donde los trabajadores pedían aumento salarial o pago de haberes, o en la plaza de todxs donde se respira la dignidad.

Hablamos sobre la situación compleja, sobre la falta de comprensión y solidaridad de ciertos sectores y comencé a notar que su piel se transformaba.

Comenzó a transpirar letras, salían de su cuerpo con facilidad y quedaban en el aire para ser tomadas por lxs más sensibles. Así, pegamos sobre una cartulina, una frase que le pertenecía mucho, con el aliento quedó adherido al cartón carmín LA BELLEZA ES NUESTRA que fue construida con las letras que salían de su cuerpo transparente.

Siempre preocupado por el futuro de la patria, se enorgullecía de hablar sobre temas soberanos, sobre la libertad y visibilizar la desigualdad social.

Sentía también que siempre valió la pena cuando se lucha por la vida. Rodeado de los más jóvenes, compartía su idea por mayor lectura sobre el sufrimiento, el padecimiento y los dolores que el sistema produce.

Nos despedimos, las manos tenían aroma a nuevo a pesar de sus arrugas ,allí conversaban lo viejo y lo nuevo por parir. Sus mejillas seguían iluminadas y su mirada iban irigdas hacia lxs fututxs colegas con esperanza de que no se entibien ni enfríen en sus carnes y su corazón.

Tiempo después se fue yendo a otro espacio y lo vamos a extrañar. Es uno de los últimos dinosaurios que quedan en el país donde la dignidad no es un espejismo ni un berrinche sino una realización de deseos profundos.