A las poetas

Por Nieves Viviani.

Y éramos tan frágiles que una sola palabra podía quebrarnos,
cuando en el bosque construido con fibra y truenos
sacudíamos los árboles más altos para ver caer verdades
como rayos florecidos, ¿ florecidos?.
El mundo se quemó a tus pies y en el naufragio
reconocí tres pétalos heridos y la ramificación del viento en unos ojos;
pero el destierro no figura en ningún mapa
y no pude nombrarlos,
porque ni adentro ni afuera existían ya jardines
y nuestro asombro era del tamaño exacto de nuestra desnudez.
Logré mirarte, sin embargo, con mi pequeño ojo ciego
y vi el mar.
Nunca un cencerro había colgado de tu cuello
y el hambre fue recompensado con luz e inmensidad.
Aguas profundas, eso eras,
olas increpando al elíptico domador de voluntades
y el silencio atronador de la tempestad que inicia,
cuando esperas la verdad que quiebra y salva.
Al fin llegó tu canto, pensé.

Una vida esperándote para poder respirar.