A dónde vamos a parar

Por Julio De Vido (h).

Ante la continuación de la crisis sanitaria ocasionada por la pandemia del coronavirus y las consecuentes nuevas medidas de restricción como continuidad de lo acaecido durante prácticamente todo el 2020, nos encontramos una vez más frente a un escenario que poco tiene de compatible con la frágil situación económica y social de nuestro país.

¿Qué más nos queda que esperar el rápido avance de la campaña de vacunación y del éxito de las medidas sanitarias?

Repensar la coyuntura y la articulación del escenario económico y productivo sería de una importancia mayúscula. Pero claro, para ello hace falta una planificación de muy escasa o nula posibilidad en el seno de un Poder Ejecutivo desmembrado, rodeado de rumores de renuncias y declaraciones en falso, que no hacen más que avalar las críticas a su política general, social y comunicacional.

Ante esto, como podemos pensar que algún sector sobra o tener la frialdad en cualquier tipo de medida en la que un argentino quede sin su trabajo y su ingreso, como podemos hacer un caldo de capital y trabajo en el que estos sean como el agua y el aceite y no una unidad de producción que genera valor para nuestra economía, en la que claro siempre tenemos que velar por aumentar la participación del trabajo en dicho valor agregado de la producción.

El sector agropecuario, sus entidades gremiales y la política son uno de los ejemplos más claros de esta situación. Ni hablar del derrumbe del entrelazamiento formal de estos a partir de la resolución 125, episodio que siempre está a la orden del día y que una sola chispa podría encenderlo.

El sector agropecuario es emocional, me comentaba un dirigente agropecuario peronista de la provincia de Buenos Aires hace pocos días, no tirando la toalla como intentamos hacer todos los que creemos en reeditar una sinergia entre la política y todos los sectores que conforman la producción agropecuaria en sus distintas cadenas.

La misma emocionalidad que derrotó al peronismo en gran parte del interior bonaerense porque a partir de ese episodio el movimiento no pudo reinventar su política para llevar agro industrialización, producción y desarrollo a ese territorio, dejándolo en manos de los ganadores, los productores movilizados por la 125, como si eso hubiese sido una guerra cuando se trató “solo”, de una pésima decisión de Martin Lousteau respaldada orgánicamente por el movimiento aunque en el corto plazo demostró quienes fueron los responsables políticos de la medida y de la negociación al salir estos eyectados del gabinete, aunque muchos volvieron, al punto de llegar a sentarse en el mismo lugar donde presentaron su renuncia.

La política está en crisis, quizás en una crisis que se anticipó a la crisis económica, que en ciertos momentos inclusive hasta fue invisible pero que hoy está más a flor de piel que nunca y tardaremos seguramente muchos años en lograr reconstruirla, confió en que lo vamos a lograr, solo espero que deje la menor cantidad de víctimas posibles.

Para esto último trabajamos, divulgamos y debatimos día a día, teniendo la certeza de que mañana va a ser un día mejor que hoy.

Argentina inexorablemente se va a convertir en la potencia agroindustrial que debe ser, que sea para todos y para el crecimiento y desarrollo definitivo, esa es la cuestión.