Sobre la amistad, la cizaña, el trasvasamiento generacional y los principios y valores permanentes

Por Luciana Hidalgo.

En esta última semana, como corresponde a la actual cultura de cambios permanentes, la noticia de Fernández llamando amigo a Larreta ha generado diversas interpretaciones.

A los peronistas nos pareció desacertada. El presidente dijo: “Basta de odio, Larreta es mi amigo.” En el caso del odio, hemos visto cómo el mismo presidente se ocupó de calificar determinados ciudadanos por acciones determinadas durante la cuarentena, calificaciones que poco hicieron para que el odio se calmara en las calles de una Argentina que ya hace 5 años viene perdiendo la Fe en todo. Debemos agregar que en este mismo contexto los “periodistas” son esenciales, cosa que prendemos la televisión y tenemos asegurados miles de relatos especialmente dirigidos a fomentar los temas de agenda que se les propongan y que sumen a los intereses de los monopolios de los cuales el mismo presidente también ha llamado como amigos.

¿Muchos compatriotas empiezan con “te imaginas qué hubiera hecho Macri en este contexto?” y desde la honestidad muchos decimos:

1)Si lo votamos a Fernández es porque no tenemos nada que ver con el oligarca de Macri

2)Teniendo en cuenta cómo destruyó la Argentina, tendría las mismas expresiones incoherentes que vemos muchas veces en Alberto

3)Estaría enamorado de la cuarentena por siempre

4)Confundiría el amor con no darle un beso a tu pareja por las dudas que el aire te haya infectado de un enemigo invisible

5)No entendería que sin economía no puede haber salud ni vida (tal como pasa con el actual presidente)

6)Andaría diciendo que tiene el mejor equipo de los últimos 50 años por más de que no se avance en ningún área de la vida del país.

Por lo tanto, teniendo en cuenta que desde el día que llegó Macri lo caracterizamos como Oligarca, creemos que ya es hora de entender que no es una opción para llevar los destinos de la Patria a nuestra felicidad y grandeza.

Volviendo al término de “amigo”, recordaremos la frase del Gral. Juan Domingo Perón “Al amigo todo, al enemigo ni justicia”. A quienes apelamos a la tercera posición, sabiendo que eso nos libra de la bipolaridad permanente a la que tiende todo en este presente, esa frase nos resulta algo extrema. Si seguimos profundizando en quienes desarrollaron la doctrina del General, encontramos explicaciones muy profundas a este concepto. Es el caso del Gallego Álvarez, quien explica:

«Los único que puede sobrevivir del contenido de la palabra política y que nos sirve para definirla hoy, es una discusión que se dio hace mucho tiempo en Alemania respecto a qué significa la política. Y yo diría, tomando una parte de esa discusión que la política es el arte de definir y separa con claridad, que es amigo y que es enemigo. Casi nada más.

Pero si nosotros tomáramos con toda la palabra amigo y enemigo en los términos en que solemos tomarla, tampoco entenderíamos nada. Debemos redefinir que significa amigo y que significa enemigo. Enemigo significa, únicamente, aquel que no permite que yo viva.

Mi enemigo no es que piensa de otra forma, el que tiene distinta fe, el que tiene otro color de piel, el que vive en otro lugar, el que es rico o el que es pobre, sino simplemente, y únicamente, aquel que no permite que yo exista.

¿Y que es amigo entonces? Amigo es el que no participa de esa posición.

Cuando el Evangelio dice: «Amad a vuestros enemigos» no se refiere a que debemos amar a quienes no permiten nuestra existencia, sino que debemos amar a aquellos que nosotros llamamos enemigos, que son en realidad nuestros enemigos personales: el que me miró mal, el que me debe guita, el que se quedó con mi novia, el que me pegó en la calle. Ese es el enemigo con el que debemos hacer la paz. Y en el campo de esa paz nace la iglesia: el lugar donde es posible terminar esa enemistad.

El final de esta enemistad, en el campo neutralizado de paz implica el reconocimiento de la existencia del hostil, del enemigo verdadero, del que no me deja vivir. Y con él no hay paz posible. Quiero que se entienda: no hay paz posible.

¿Qué significa esto? ¿Significa que la política, entonces, implica una voluntad de destrucción del enemigo? Para nosotros, no. Porque implica primero una voluntad de defensa del amigo, antes que la destrucción del otro.

En la historia real el solo hecho de hacer la paz en el propio campo, de reunirlo sin imposición en tanto el campo del amigo, es lo que finalmente termina destruyendo a aquel que está de otro lado de la línea. Porque no olvidemos que, en este momento, del otro lado de la línea tenemos una gran cantidad de prisioneros, en campos de concentración abiertos, que debemos hacer transitar a este lado.»

Teniendo en cuenta la profundidad que nos aporta el Gallego, podemos decir que tanto Larreta como Magneto tienen las manos llenas de sangre. Ambos operan para que una porción del pueblo argentino, deje de existir. Nunca vamos a concluir en que son nuestros amigos. Quienes vivimos en capital sabemos que la indigencia sigue creciendo como antes de la cuarentena, no existe una política pública desde la Ciudad Autónoma de Buenos Aires para hacer de la vida de los ciudadanos porteños, sea una vida digna. Yo les escribo desde flores, la comuna con mayor porcentaje de infectados de Dengue y COVID19. Si no fuera por la calidad humana de quienes vivimos en capital, muchos ya hubiéramos dejado de existir.

Entonces nos quieren venir a decir que lo que vemos en las calles de nuestro barrio es mentira, que todo es una ilusión óptica, que en realidad no vemos lo que vemos. Una metodología que no sólo desprestigia al rol que tiene la política para mejorarle la vida a la gente, sino que aparte destruye lo que sostiene nuestra 20 verdad peronista: “En esta tierra, lo mejor que tenemos es el pueblo.”

Emilio Komar en su libro “El optimismo cristiano” de Ediciones «Sabiduría Cristiana» 2012, nos advierte sobre esto de la “cizaña” y dice:

«La falsedad no está lejos, ¡está aquí! El que destruye la universidad es el profesor universitario. El que destruye la fe es el cura, que está al lado del otro cura honesto. El que destruye la justicia es el juez corrupto al lado del juez honesto. Luchar contra el mal dividiendo los buenos de los malos, que de afuera no se vea, no tiene ningún sentido. Lo advierte la enseñanza evangélica de la cizaña y el trigo: la cizaña y el trigo son gramináceas que cuando están creciendo no se distinguen: por los frutos se sabrá. La mejor lucha contra el mal es el fomento del bien: donde hay mucho bien, crecimiento, irradiación, lo otro no crece.»

Reforzamos doblemente el rol que tiene el hecho de valorarnos entre nosotros, entender al que tenemos al lado, tomar una actitud creadora, dialogar para aportar paciencia y tolerancia entre los amigos. Aprehender de aquellos que supieron superar las adversidades, las enseñanzas y palabras, que nos renueven la fe.

Lo sucedido el 9 de julio con los llamados “anticuarentena”, pone en puja también, algo que hemos hablado en varias oportunidades y que retomaremos, el real concepto de libertad. En este caso para abordar una responsable mirada traemos palabras del Papa Francisco en una Homilía del 24 de abril de 2016:

«En estos años de Juventud percibís también un gran deseo de libertad. Muchos os dirán que ser libres significa hacer lo que se quiera. Pero en esto se necesita saber decir No. Si no sabes decir No, no eres libre. Libre es quién sabe decir Sí y sabe decir No. La libertad no es poder hacer siempre lo que se quiere: esto nos vuelve cerrados, distantes y nos impide ser amigos abiertos y sinceros; no es verdad que cuando estoy bien todo vaya bien. No, no es verdad. En cambio, la libertad es el don de poder elegir el bien: esto es libertad. Es libre quien elige el bien, quien busca aquello que agrada a Dios, aun cuando sea fatigoso y no sea fácil. Pero yo creo que vosotros, jóvenes, no tenéis miedo al cansancio, sois valientes. Sólo con decisiones valientes y fuertes se realizan los sueños más grandes, ésos por los que vale la pena dar la vida. Decisiones valientes y fuertes. No os contentéis con la mediocridad, con «ir tirando», estando cómodos y sentados; no confiéis en quien os distrae de la verdadera riqueza, que sois vosotros, cuando os digan que la vida es bonita sólo si se tienen muchas cosas; desconfiad de quien os quiera hacer creer que sois valiosos cuando os hacéis pasar por fuertes, como los héroes de las películas, o cuando lleváis vestidos a la última moda. Vuestra felicidad no tiene precio y no se negocia; no es una «App» que de descarga en el teléfono móvil: ni siquiera la versión más reciente podrá ayudaros a ser libres en el amor. La Libertad es otra cosa.»

En definitiva, la libertad no es la violencia desmedida, no es salir de casa por salir, no es combatir a aquellos que piensan distinto. Pues si hay algo que caracteriza a la juventud, es el don de la voluntad. Esa voluntad hay que moldearla, para que se direccione hacían el bien común, hacia el “ser libres en el amor”, que nada tiene que ver ni con el libertinaje ni con el enfrentamiento permanente de esa cultura del “hombre lobo del hombre”. “La lucha no se ubica fuera de la comprensión y fuera del amor, sino adentro” (Emilio Komar).  Hay que asumir a la voluntad y al amor como factores determinantes en el cotidiano accionar político: “Las decisiones acertadas se toman desde el amor” (Discurso Guillermo Moreno – diciembre 2012). Es necesario entender que el trasvasamiento generacional que nos seguimos debiendo es pieza fundamental para que como comunidad logremos afrontar de la mejor manera posible las vicisitudes en el devenir histórico de nuestra Patria.

Hemos notado que la ebullición de hoy, también trunque esa paciencia, ese amor que necesitamos los jóvenes para aprender y aprehender de los mayores, aquello que nos haga superar los estériles enfrentamientos incluso dentro de las familias. Hare la última cita obligada en este tema, a la querida Isabel Perón en un “Mensaje a la Mujer” publicado en “Revista Las Bases, 1969”:

«Las viejas generaciones aburguesadas en complicadas ecuaciones burocráticas, tienden a perecer aplastadas por las montañas de costumbres sin valor actual, en tanto, la sangre joven con ansia renovadora de oxígeno puro, quebrará todas las estructuras, para colocar nuevamente al mundo en su punto de equilibrio, a fin de poder afrontar la nueva era que se avecina, con la frente alta y con la dignidad precisa para poder sentirse realmente humano

Dentro del peronismo los jóvenes no queremos tirar a ningún viejo por la ventana todos los días, porque nuestros mayores no quieren tirar a un joven por la ventana todos los días. Porque gracias a ellos renovamos nuestra fe, vemos la voluntad que nos han querido apagar, vivimos el amor y el accionar político mancomunado entre compañeros de todas las edades, afianzamos nuestros valores permanentes que nos aportan paz y armonía para reconstruir la comunidad organizada. Asumimos que es necesario que sepamos seguir inspirando, haciendo que el peronismo siga enamorando a las generaciones presentes y futuras, para que la justicia social algún día deje de ser la deuda que nunca quieren pagar, sino que sea el destino inexorable que genere la gran anhelada Unidad Nacional.